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Salud mental tras los sismos en Vargas: las claves de Manuel Llorens para gestionar el estrés

A más de un mes de los sismos que afectaron a Vargas, la atención psicológica se volvió prioridad en los hospitales de campaña. El psicólogo Manuel Llorens explica cómo distinguir una ansiedad esperable de una señal de alerta.

Noticias Publicado 2 agosto 2026 6 min de lectura Redacción Noticias Venezuela
Atención psicológica a comunidades afectadas por los sismos en Venezuela
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A más de un mes de los dos sismos que sacudieron con mayor fuerza al estado Vargas, la emergencia dejó de ser solo un problema de escombros y viviendas colapsadas. El equipo de Efecto Cocuyo documentó que, en los hospitales de campaña instalados en la entidad costera, el área de atención psicológica se convirtió en una de las más demandadas por los sobrevivientes. En paralelo, proliferan testimonios de dificultades para conciliar el sueño, sobresaltos ante cualquier ruido e hipervigilancia entre quienes siguen en refugios o cerca de sus casas dañadas.

El psicólogo clínico y comunitario Manuel Llorens, consultado por Efecto Cocuyo, advierte que estas reacciones no son necesariamente patológicas. Son, dice, la forma en que el organismo intenta protegerse tras perder la sensación de seguridad. La clave está en saber cuándo esas manifestaciones empiezan a ceder y cuándo se convierten en una señal de que se necesita ayuda profesional.

La respuesta al desastre no es un diagnóstico inmediato

Llorens explica que la sensación de seguridad es una necesidad básica para organizar la vida. Cuando un terremoto la amenaza de forma profunda, el cuerpo activa una respuesta de estrés natural, diseñada para proteger a la persona. Esa activación puede mantenerse semanas después del evento, lo que se traduce en irritabilidad, insomnio, sobresaltos frecuentes y una evaluación constante del entorno.

“Toda esta activación, alerta y sobresalto que sentimos al principio, pero que seguimos sintiendo pasadas las semanas, es una respuesta de estrés adaptativa: el cuerpo se pone en alerta y moviliza energía para responder a la amenaza hasta recuperar la calma”, afirmó en la entrevista.

El problema aparece cuando el estado de alerta se prolonga en exceso. Según el especialista, el estrés sostenido genera cansancio generalizado, pérdida de la capacidad de atención y concentración, y un pensamiento menos ágil. No se trata de debilidad personal, sino del desgaste físico y cognitivo que produce vivir en alerta permanente.

Solo una minoría desarrolla estrés postraumático

El reportaje de Efecto Cocuyo recuerda que la evidencia indica que entre el 6% y el 20% de las personas afectadas por desastres naturales llega a presentar trastorno de estrés postraumático. La mayoría, en cambio, experimenta manifestaciones de ansiedad que disminuyen progresivamente al retomar sus rutinas y recursos personales.

Esto significa que sentir miedo, tristeza o confusión después de un sismo es esperable y, en la mayoría de los casos, transitorio. El especialista propone no patologizar de inmediato el malestar, aunque sin dejar de observarlo.

Esa distinción tiene un impacto práctico para las familias venezolanas que todavía viven en zonas afectadas: saber que los síntomas iniciales pueden ser parte de la adaptación ayuda a reducir el miedo a “volverse loco” o a que la reacción emocional sea vista como un problema médico. También ayuda a las redes de apoyo a no minimizar el sufrimiento de quien sigue sintiendo miedo semanas después.

Señales de alerta para buscar ayuda profesional

Llorens enfatiza que hay que acudir a un servicio de atención psicológica cuando el malestar no sigue el camino esperado. Las señales que menciona son:

  • El malestar y la inquietud se intensifican con el paso del tiempo, en lugar de disminuir.
  • Hay una interferencia grave con la capacidad de trabajar o cumplir compromisos cotidianos.
  • La persona no logra restablecer la relación afectiva con sus familiares ni reincorporarse a su vida diaria.

En esos casos, la recomendación es buscar acompañamiento profesional y no esperar a que el cuadro se resuelva solo. También sugiere prestar atención a los menores de edad y a personas mayores, aunque el reportaje no detalla pautas específicas para esos grupos.

Herramientas para bajar la tensión en casa y en la comunidad

Para reducir la activación fisiológica, Manuel Llorens propone varias acciones concretas que pueden aplicarse tanto en el plano individual como colectivo:

  • Chequeos técnicos de las viviendas: realizar inspecciones formales de las estructuras ayuda a restaurar progresivamente la confianza en el entorno. Saber si el techo o las paredes son seguros reduce una fuente concreta de ansiedad.
  • Acompañamiento interpersonal: buscar la cercanía de familiares y personas de confianza para gestionar la tensión en conjunto, en lugar de aislarse.
  • Preservación de lazos comunitarios: en refugios o asentamientos temporales, mantener la familiaridad social contribuye a disminuir los síntomas de la población.
  • Respiración profunda con énfasis en la exhalación: una exhalación lenta y prolongada activa el sistema nervioso parasimpático. Mientras que una inhalación rápida acelera el ritmo cardíaco, exhalar despacio envía señales de calma al cuerpo.
  • Contacto con elementos que generen sosiego: interactuar con mascotas, caminar o permanecer en espacios naturales seguros puede ayudar a romper el ciclo de alerta constante.

Estas acciones no sustituyen un tratamiento profesional, pero pueden servir como primeros auxilios emocionales mientras la persona recupera estabilidad.

La culpa del sobreviviente no es un defecto personal

Uno de los fenómenos documentados por el especialista es la culpa que expresan quienes no sufrieron pérdidas directas. Llorens la identifica como “culpa del sobreviviente”: la tendencia a sentirse responsable de haber salido ileso cuando otros perdieron sus bienes o seres queridos.

“La culpa es una emoción moral que nos hace examinar cuál es nuestra responsabilidad hacia el otro”, señaló. Más que un síntoma que deba erradicarse, la describe como una reflexión necesaria sobre los deberes colectivos y la solidaridad en medio del desastre.

Para Llorens, ninguna forma de gestionar la ansiedad es superior a otra. Mientras algunas personas necesitan hablar y descargar lo vivido, otras prefieren el silencio, replegarse o concentrarse en tareas concretas. Lo importante es respetar el espacio del otro y no imponer una única manera de procesar el duelo.

Lo que falta confirmar

El reportaje de Efecto Cocuyo ofrece testimonios de campo y datos epidemiológicos generales, pero no precisa cifras oficiales de damnificados ni el número de personas atendidas en los servicios de salud mental de los hospitales de campaña. Tampoco detalla la fecha exacta de los dos sismos que afectaron a Vargas, ni las instituciones públicas que coordinan la respuesta psicosocial en la zona.

Ante esa falta de datos, conviene interpretar el texto como una guía de referencia y no como un informe oficial sobre la magnitud de la crisis. Para lectores que quieran actuar, la recomendación práctica es verificar con las autoridades locales y organizaciones humanitarias activas en el estado qué servicios de atención psicológica están disponibles en cada refugio o ambulatorio.

Fuente: Efecto Cocuyo, reportaje “Salud mental: Guía de Manuel Llorens para gestionar el estrés”, publicado el 2 de agosto de 2026. Disponible en https://efectococuyo.com/la-humanidad/salud-mental-guia-de-manuel-llorens-para-gestionar-el-estres/

Datos clave

Punto Detalle
Fuente Efecto Cocuyo
Fecha 2026-08-02T06:45:00+00:00
Tema Salud mental: Guía de Manuel Llorens para gestionar el estrés

Fuente

Efecto Cocuyo Publicacion original: 2026-08-02T06:45:00+00:00